La tarde me vino a ver,
para decirme al oido
que no me puedes querer.
¡Qué tú nunca me has querido!
Pero yo... no la he creído.
¿Cómo la iba a creer?
¿Dí, cómo?
Si ayer mismo; me juraste...
que tú siempre me querrías
mientras que la Luna brille,
y salga el Sol cada día.
¡Ay!
La fuente rumoreaba,
acariciando la piedra.
¡Qué es verdad!
-Me decía-
Que tú, a mí no me quieres.
¡Qué no! que no me querías.
Me enfadé tanto
con ella...
que su agua no bebí.
Qué se la guarde pa' ella.
¡Yo, sólo bebo de ti!
domingo, 20 de enero de 2008
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