domingo, 20 de enero de 2008

LA TARDE

La tarde me vino a ver,
para decirme al oido
que no me puedes querer.

¡Qué tú nunca me has querido!
Pero yo... no la he creído.

¿Cómo la iba a creer?
¿Dí, cómo?

Si ayer mismo; me juraste...
que tú siempre me querrías
mientras que la Luna brille,
y salga el Sol cada día.

¡Ay!
La fuente rumoreaba,
acariciando la piedra.
¡Qué es verdad!
-Me decía-
Que tú, a mí no me quieres.
¡Qué no! que no me querías.

Me enfadé tanto
con ella...
que su agua no bebí.
Qué se la guarde pa' ella.
¡Yo, sólo bebo de ti!

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